Cómo la pandemia de COVID-19 ha transformado la educación

La llegada imprevista de la pandemia de COVID-19 en 2020 puso patas arriba al mundo tal como lo conocíamos. Todos los aspectos de la vida se vieron afectados, desde la economía y el empleo, hasta las relaciones sociales y la salud mental.

Pero quizás uno de los ámbitos que sufrió una de las transformaciones más drásticas y de mayor alcance fue el de la educación. De la noche a la mañana, las formas tradicionales de enseñanza en aulas y campus fueron reemplazadas por pantallas, plataformas digitales y clases a distancia.

¿De que manera la pandemia de COVID-19 ha transformado la educación?

Estos cambios repentinos fueron sólo el inicio de una verdadera revolución educativa, cuyas consecuencias recién comenzamos a vislumbrar. Conceptos como educación remota, brecha digital y aprendizaje híbrido pasaron al centro de la conversación. Y el debate sobre el futuro de la educación post-pandemia recién comienza.

Este artículo analiza en profundidad cómo la pandemia de COVID-19 sacudió los cimientos mismos del sistema educativo y lo puso en una encrucijada histórica. Los cambios repentinos e inesperados vividos estos últimos años son solo el preludio de una nueva era de la educación que recién comienza.

La educación remota a gran escala

Quizás el cambio más drástico fue la transición masiva a la educación remota.

De la noche a la mañana, escuelas y docentes tuvieron que crear clases y lecciones a través de videoconferencias y plataformas online. Padres se convirtieron en facilitadores del aprendizaje de sus hijos. Estudiantes de todas las edades se adaptaron a aprender a través de una pantalla.

Si bien la educación online ya existía antes de la pandemia, nunca se había implementado a una escala tan grande.

El aprendizaje remoto forzó a instituciones educativas, docentes y estudiantes a adoptar rápidamente la tecnología. El uso de plataformas como Zoom, Google Classroom y Canvas se disparó. La educación en línea dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad.

Aunque ha sido difícil, con el tiempo escuelas y docentes han ido mejorando sus técnicas de enseñanza online. Los recursos educativos digitales han proliferado. Con el apoyo adecuado, muchos estudiantes han logrado adaptarse y sobresalir en este nuevo contexto educativo.

Nuevos retos para docentes y estudiantes

Sin embargo, la educación remota también ha traído grandes desafíos. Para los docentes, ha sido difícil crear lecciones interactivas y evaluaciones a través de una pantalla. Mantener a los estudiantes comprometidos y evitar el fraude académico se ha vuelto todo un reto.

Para los estudiantes, especialmente los de menor edad, concentrarse frente a una computadora por horas ha resultado agotador. La falta de interacción social y actividades extracurriculares ha tenido consecuencias sobre la salud mental de muchos. El aprendizaje se ha visto afectado, especialmente entre aquellos con menor acceso a la tecnología o apoyo en casa.

La brecha digital en la educación

Quizás el mayor problema que ha evidenciado la educación online es la gran brecha digital que existe entre estudiantes. Mientras algunos tienen acceso a computadoras, internet de alta velocidad y un espacio adecuado para el estudio en casa, muchos otros carecen de estas herramientas básicas.

Esto ha provocado que los estudiantes más vulnerables se atrasen académicamente y deserten del sistema educativo.

Ha quedado en evidencia las grandes desigualdades económicas y sociales que existen incluso en los países más desarrollados. Cerrar la brecha digital se ha vuelto una prioridad para que la educación remota sea realmente inclusiva.

Mayor protagonismo de los padres

Con los estudiantes en casa, los padres se han visto obligados a involucrarse más en la educación de sus hijos. Los padres, especialmente de niños pequeños, se han convertido en facilitadores y monitores del aprendizaje de sus hijos. Esto ha provocado frustración para algunos, pero también ha generado mayor cercanía y entendimiento entre padres e hijos.

Los padres se han vuelto más conscientes de lo que sus hijos aprenden y las dificultades que enfrentan.

Para las escuelas, comunicarse de forma clara y trabajo en equipo con los padres se ha vuelto indispensable durante la educación remota. Más que nunca, la educación se ha convertido en una responsabilidad compartida entre escuelas, docentes y padres de familia.

Cambios positivos para el futuro

Aunque ciertamente la pandemia trajo enormes desafíos al sistema educativo, también generó cambios positivos que llegaron para quedarse. El uso de la tecnología en educación se ha normalizado y será cada vez más prevalente. Métodos de enseñanza antes impensables como los ambientes virtuales de aprendizaje serán cada vez más comunes.

Docentes y estudiantes desarrollarán nuevas habilidades para adaptarse a esta combinación del aprendizaje presencial y virtual.

Las escuelas trabajarán para eliminar las brechas digitales y garantizar el acceso equitativo a la educación. Los padres se mantendrán involucrados como socios fundamentales del proceso educativo.

Si bien el camino por delante sigue siendo incierto, una cosa es segura: la pandemia produjo cambios sísmicos en la educación que permanecerán en el tiempo. El nuevo paradigma educativo que surja de esta crisis sin duda será muy distinto al anterior.

Más flexible, diverso y tecnológico, pero también más desafiante y desigual. Será responsabilidad de todos trabajar para que esta transformación educativa sea positiva para las futuras generaciones.

La pandemia puso en jaque al sistema educativo tal como lo conocíamos y aceleró cambios que ya se venían gestando. Los desafíos fueron enormes, pero también surgieron oportunidades para innovar y reducir las brechas de acceso existentes. La educación post-pandemia será sin duda más flexible, tecnológica e integral.

Si logramos que estos cambios se den en aras de mayor calidad e inclusión, podremos dar forma a un futuro educativo más prometedor tras la tormenta.